miércoles, 6 de mayo de 2015

Perfil y síntomas de la víctima

Si compartes este pérfil, deberías seguir leyendo.
-Rechazo a hablar de situaciones de ciberbullying.
- Ser poco cuidadosos con las contraseñas.
- Haber dado o colgado datos personales en Internet.
- Haber intercambiado fotos o vídeos personales con personas conocidas a través de Internet.
- Aceptar como amigos en Internet a personas desconocidas.
Los síntomas más frecuentes cuando se da este tipo de situaciones son:
- Ansiedad: nerviosismo e inquietud asociado a la actitud de espera del acontecimiento temido, en este caso ampliado tanto al ambiente escolar como al propio domicilio, ya que el agresor puede estar en ambos, personal y virtualmente. En definitiva se entiende que el estado de ansiedad se generaliza en todo los escenarios del niño o adolescente (Garaigordobil, 2011).
- Miedo: más evidente al ir al colegio o quedarse solo en el domicilio.
- Crisis de angustia agudas: ante una amenaza o una situación de peligro inminente, por ejemplo amenazas o chantajes, pueden desencadenarse ataques de pánico espontáneos con el complejo vegetativo acompañante. Generalmente cuanto más pequeño es el niño sometido al acoso o agresión cibernética, más rico será el complejo somático. Con el paso de los años, en latentes mayores o adolescentes, se puede exteriorizar la angustia, no mediante palabras como podría hacer el adulto joven, si no con acciones o comportamientos.
- Síntomas psicosomáticos: frecuentes quejas como cefalea o dolores abdominales, sin encontrar por parte del pediatra una causa orgánica. Es en los niños más pequeños donde se observan estos síntomas, cuando es el cuerpo el que refleja el estado de angustia y estrés al que el menor está sometido. En muchas ocasiones los síntomas psicosomáticos, son los primeros detectados por los padres y el motivo para consultar, siendo el pediatra el primer profesional que puede detectarlo.
- Síntomas depresivos: tristeza, apatía, anhedonia, abulia, astenia o fatiga. Lo más temido en este estado psicopatológico es la ideación autolítica, con el suicidio como única alternativa para escapar de la situación de acoso. Las investigaciones recientes han encontrado que, muy frecuentemente, las víctimas de ciberbullying tienen pensamientos suicidas. Estos hallazgos sugieren que el ciberacoso es tan perjudicial para los adolescentes como el acoso cara a cara (Hinduja y Patchin, 2010).
- Baja autoestima: comentarios autodespectivos, culpabilizantes de la situación vivida, etc. En un psiquismo tan permeable como el de la niñez o tan influenciable como es la adolescencia, un estado reiterado de vejaciones e insultos cala demasiado hondo y se produce una inevitable merma narcisista (Garaigordobil, 2011).
- Cambios repentinos de humor: mayor irritabilidad, cólera y rechazo a situaciones habituales. Labilidad emocional fluctuante, pasando de una irascibilidad incomprensible a un llanto inexplicable. La tensión acumulada y constante, es difícilmente tolerable y el menor no puede elaborar ni gestionar posibles soluciones.
- Poco interés por las actividades: puede aparecer un repliegue social y lúdico, con abandono de actividades extraescolares previas como el deporte u otras.
- Trastornos de sueño: son frecuentes las parasomnias como los terrores nocturnos, pesadillas o el insomnio, tanto de conciliación como de mantenimiento (Garaigordobil, 2011).
- Trastornos de la alimentación: durante la adolescencia, aunque cada vez más detectado en la niñez, comentarios despectivos e insultos por el aspecto físico, pueden ser la causa de desarrollar trastornos de la conducta alimentaria, tanto anorexia como bulimia. Conductas autolesivas: a través del daño corporal autoinfligido como medida evacuadora de malestar, como por chantaje o condición ante una determinada amenaza.
- Bajo rendimiento escolar: pueden aparecer trastornos deficitarios de la atención, con empeoramiento de los resultados académicos. Este síntoma es importante diferenciarlo con los que configuran un TDAH, y todo lo que conlleva este diagnóstico en el menor. El niño es incapaz de atender plenamente cuando internamente se encuentra en un estado de alerta ante la amenaza inminente (Garaigordobil, 2011).
- Ausencias: tanto en forma de fugas como comportamiento de evitación, más en adolescentes, como en negativa o temor a ir al colegio, pudiendo desarrollar una verdadera fobia escolar (Generalitat de Catalunya, 2014).
- Aislamiento: pérdida de amistades, rechazo a acudir a reuniones o actividades grupales, tendencia a encerrarse en su habitación, menor comunicación, estado de sumisión a terceros.
- Trastornos disociativos: En la adolescencia aparecen síntomas disociativos con relativa frecuencia. Un primer grupo de síntomas disociativos son de expresión corporal: neurológicos (cefaleas tipo migrañoso, mareos, pérdidas de equilibrio, incluso crisis convulsivas), musculares (dolores erráticos, pesadez de miembros, sensaciones cenestésicas diversas), sensoriales (auditivos como acúfenos, visuales como perdida de nitidez en la visión visión borrosa, visiones de tipo de hipnagógico o pseudoalucinatorias). Un segundo grupo de los síntomas disociativos son las disociaciones de la serie psicótica, ocurre en sujetos vulnerables en los que el acoso persistente desde el imaginario de los medios de pantalla toman una evaluación real para el sujeto y le hacen ser tema de delirio referencial, suspicacia creciente, alucinaciones verdaderas (en ocasiones).

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